Mar 292016
 

miedo niña

Un estupendo cuento que nos trae de nuevo María Luisa. En esta ocasión nos habla del miedo que muchas veces atormenta a nuestro peques, de como es fruto de nuestra imaginación y nos da consejos a los padres y educadores para evitar este problema y que nuestros queridos peques lo superen de manera natural y positiva.

 Esperamos que os guste.

Tengo miedo.
(El miedo)

No podía cerrar los ojos. En su habitación, a oscuras, Martina estaba despierta porque tenía miedo. Cada ruido que oía pensaba que era algún monstruo que venía a su cama. Dejó una pequeña lámpara encendida. A la mañana siguiente estaba muy cansada porque había dormido poco.
No quería que pasase el día, al llegar la noche de nuevo sentía un sudor frío. El miedo volvía a aparecer.
Sus padres intentaban convencerla de que no había peligro. Los monstruos no existen más que en los cuentos. Nuestra imaginación es fantástica pero debemos emplearla en inventar cuentos, en dibujar paisajes que no hemos visto o en pensar la manera de alegrar a los demás. No le gustaba la fiesta de Halloween. Le daban miedo los esqueletos y las arañas.
Una noche estaba Martina en la cama y oyó unas pisadas en la habitación. Una respiración fuerte y un sonido. Se tapó con las sábanas. Abrió los ojos y aparecieron unos grandes ojos relucientes, tenía mucho pelo. Chilló con todas sus fuerzas. La luz de la habitación se encendió. Apareció su abuela. En la esquina acurrucado estaba un gatito pequeño, monísimo, blanco, acurrucado, muy asustado que apenas podía maullar. La niña se acercó despacio, hablándole con cariño. Le acarició y notó que estaba temblando. Él se había asustado de la niña porque no la conocía. Le dejó dormir en la alfombra, a su lado. Se hicieron amigos, ya se conocían. El monstruo de las pisadas y los ojos relucientes resultó ser un pequeño gatito asustado. Y es que el miedo está en nuestra imaginación. Por eso le puso por nombre Mieu entre miau y miedo.
La abuela de Martina le explicó que de pequeña había sido muy miedosa. Le contó a su nieta como había vencido el miedo. Le enseñó algunos trucos.
A partir de las siete de la tarde, no bebía mucha agua para no levantarse al baño. muchas veces, te despiertas y luego cuesta dormir, le decía.
Al acostarse pensaba en cosas bonitas que había hecho durante el día o en días anteriores.
Recordaba algún verso o canción que le gustaba.
Como era creyente, rezaba, eso le tranquilizaba.
No veía películas de miedo o violentas, nunca.
Leía un cuento alegre y cuando tenía sueño, se dormía pensando en los personajes. Todo esto a la abuela de Martina le funcionaba y dormía de un tirón. Lo hacía todas las noches.
Además le explicó que hay dos clases de miedos, uno bueno que se llama prudencia y otro malo que se llama pánico.
El bueno nos impide hacer cosas peligrosas sin tener cuidado y es necesario tenerlo porque así no cruzamos la calle sin mirar ni tomamos medicinas como si fuesen caramelos.
En cambio el pánico lo sentimos a veces pero podemos dominarlo. Pensamos en cosas agradables, no imaginamos peligros donde no los hay.
Cuando conocemos y confiamos no tememos. Es a lo desconocido a lo que tenemos miedo. Por eso Martina cuando conoció a Mieu fueron amigos y nunca más se asustaron el uno del otro.
Podemos dominar el miedo.

© María Luisa Martínez Robles



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