LAS EMOCIONES Y EL JUEGO


Oct 222012
 

©2010-2014 kikxsuk-stock

Los mecanismos cerebrales de la curiosidad se ponen en funcionamiento a los pocos meses del nacimiento del niño. El juego aparece en el momento en el que el niño usa esos mecanismos de la curiosidad que están ligados a la emoción de recompensa y placer. El juego se convierte así en el mecanismo inventado por la naturaleza a través del cual el niño adquiere habilidades y capacidades de un modo eficiente y lo hace más apto en el mundo. Es el mecanismo por el cual el niño realiza casi todos los aprendizajes positivos posibles.

Si observamos a un pequeño de dos o tres años ante un juguete podemos comprobar que  lo que hace en su juego es obedecer a los mecanismos de su cerebro que lo llevan a experimentar, a aprender del mundo, a tomar una medida motora de la distancia de los objetos que hay a su alrededor respecto de su propio cuerpo , y así, construir unos programas motores que más adelante utilizará para  llevar a cabo con seguridad una determinada acción.

Al igual que ocurre con las habilidades sensoriales discriminativas, ya sean visuales o táctiles, el niño juega por que le produce placer, sin que sea consciente que es este mismo placer el que le lleva a jugar y por ello mismo, a aprender cosas nuevas que le resultan placenteras. Todo niño experimenta una necesidad  (necesidad de aprender) que le empuja al juego, y solo sacia con el juego , puesto que este es placentero.  Así pues , jugando el niño, experimenta una serie de emociones que influyen directamente en su desarrollo madurativo. Estas emociones pueden ser tanto positivas como negativas, y son estas últimas las que a través  de la educación emocional, hemos de ayudarles a aprender a canalizar de manera positiva.

A través de unas actividades lúdicas , que partan de los conocimientos previos de los alumnos, y se centren en sus intereses, en sus  necesidades personales y sociales, y en sus vivencias directas, ayudados por  unos recursos didácticos tales como: vídeos, cuentos, canciones, fotografías, etc, y, mostrando una actitud y un comportamiento como educadores que les proporcione un clima de seguridad, respeto y confianza ante nuestros alumnos, los docentes debemos provocar emociones en los pequeños y ayudarlos en  la construcción de su propia  conciencia emocional positiva, logrando así  en un futuro personas emocionalmente equilibradas y maduras.

Cuando nos encontramos con dos niños que no consiguen entenderse, es nuestro momento  para enseñarles habilidades comunicativas y recursos para resolver sus diferencias de forma adecuada. Una vez que conseguimos calmar el ambiente y atraer la atención de los niños, usaremos el recurso educativo de la caja de emociones que consiste en que cada uno introduzca en su caja, una imagen de lo que la otra persona le ha hecho sentir. Los que son más mayores pueden introducir frases escritas pero de 3-6 años deben de dibujar o colorear caras con la emoción que sientan.

La  caja de las emociones
Una vez que cada uno ha introducido en su caja de emociones la cara que mejor describe lo que la otra persona le ha hecho sentir, se intercambiarán las cajas y así podrán descubrir lo que ellos han causado con su comportamiento en la otra persona. A través de esta actividad, tienen la oportunidad de reconciliarse y reflexionar sobre lo ocurrido para hacerse cargo del daño que han producido:
¿Que puedo hacer la próxima vez que sienta que voy a explotar?
Quizás me tengo que disculpar…
Cada uno tiene que ceder en algo, ¿en que debo ceder yo?
Quizás podemos cambiar de juego y así no discutimos tanto….
Etc.

Fuente imagen: http://kikxsuk-stock.deviantart.com/



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