Aprender inglés desde pequeños: mucho más que hablar otro idioma


Aprender inglés se ha convertido en una parte habitual de la educación de nuestros hijos. Está presente en las aulas desde edades tempranas, en las canciones que escuchan, en los dibujos animados e incluso en muchos de los juegos con los que se entretienen. Sin embargo, más allá de aprender vocabulario o conseguir una buena pronunciación, el contacto con una segunda lengua aporta beneficios que van mucho más lejos.
Y es que aprender un idioma no consiste únicamente en memorizar palabras. También supone descubrir otras maneras de comunicarse, comprender el mundo y relacionarse con quienes nos rodean.

Además del cole,  existen centros educativos específicos en los que los peques aprenden y perfeccionan esta lengua tan usada en el mundo y que tantos beneficios les reportará conocer y usar en su futuro adulto. Un estupendo ejemplo es la academia de Inglés en Málaga Clip Idiomas. La encontraréis en Calle Ayala, 94, Carretera de Cádiz, 29002 Málaga Teléfono: 952345719 Os dejamos su perfil de empresa.

El inglés y el desarrollo de las capacidades cognitivas

Durante la infancia, el cerebro atraviesa una etapa de gran plasticidad. Esto significa que tiene una especial capacidad para establecer nuevas conexiones y adquirir aprendizajes. Por eso, introducir una segunda lengua desde los primeros años puede resultar especialmente interesante.
Cuando un niño aprende inglés, comienza a familiarizarse con sonidos, estructuras y expresiones diferentes a las de su lengua materna. Poco a poco, descubre que una misma idea puede expresarse de distintas maneras.
Este ejercicio favorece la flexibilidad mental y ofrece oportunidades para trabajar la atención, la memoria y la capacidad de adaptación. Eso sí, conviene recordar que aprender inglés no convierte automáticamente a los niños en más inteligentes. Los beneficios dependen de muchos factores, entre ellos la metodología, la frecuencia de exposición y las oportunidades reales de utilizar el idioma.

Aprender inglés también ayuda a comprender mejor nuestra propia lengua

Uno de los aspectos más interesantes del aprendizaje de idiomas es que permite observar la propia lengua desde otra perspectiva.
Al descubrir que el inglés utiliza estructuras gramaticales diferentes, los niños comienzan a prestar atención a cómo construyen las frases, cómo expresan sus ideas y qué palabras eligen para comunicarse.
Además, comparar ambos idiomas puede ayudarles a desarrollar una mayor conciencia lingüística, una habilidad que también resulta útil para avanzar en la lectura y la escritura.
No se trata de sustituir una lengua por otra, sino de ampliar los recursos que tienen a su disposición.

Una ventana abierta a otras culturas

El aprendizaje del inglés ofrece una excelente oportunidad para trabajar la educación intercultural con los peques.
A través de cuentos, canciones, juegos y pequeñas historias, descubren que existen otras costumbres, tradiciones y formas de vivir. También aprenden que las diferencias culturales forman parte de la riqueza de nuestra sociedad.
En este sentido, el aula puede convertirse en un espacio donde fomentar la curiosidad, el respeto y la convivencia.
Porque conocer otras culturas no significa renunciar a la propia. Significa comprender que nuestro modo de vivir no es el único.

La importancia de aprender sin miedo a equivocarse

Un aspecto educativo que suele pasar desapercibido cuando pensamos en el aprendizaje del inglés, es el trabajo que hay de educación emocional en el proceso. Y es que hay un aspecto educativo que merece especial atención cuando aprendemos a expresarnos en una lengua que no es la materna y que estamos empezando a usar: la confianza.
Muchos peques sienten vergüenza cuando tienen que expresarse en un idioma que todavía no dominan. Temen pronunciar mal una palabra, olvidar una expresión o equivocarse delante de sus compañeros.
Por eso, la manera de enseñar resulta fundamental, ya que en un ambiente donde se valore el esfuerzo, se respete el ritmo individual y se entienda el error como parte del aprendizaje, la participación de los alumnos se verá muy favorecida. Los juegos, las dramatizaciones y las actividades cooperativas permiten practicar inglés en situaciones cercanas y significativas.
El objetivo no debe ser que todos hablen perfectamente, sino que se atrevan a comunicarse. Que hablen entre ellos y que expresen lo que quieren decir sin sentir miedo al ridículo.

Un aprendizaje que puede acompañarlos toda la vida

Aprender y hablar con fluidez inglés les facilitará el acceso a estudios, recursos educativos, experiencias internacionales y oportunidades profesionales. Sin embargo, durante la infancia no conviene convertir estas posibilidades futuras en una exigencia constante. Los niños necesitan aprender desde la curiosidad, no desde la presión. Y si lo hacen a través del juego, mejor que mejor.
Por eso, una buena enseñanza del inglés debe adaptarse a su edad, conectar con sus intereses y ofrecer experiencias en las que el idioma tenga sentido. Al fin y al cabo, lo verdaderamente importante no es cuántas palabras son capaces de repetir, sino qué pueden descubrir, comprender y expresar gracias a ellas.

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